Miércoles 31 de Diciembre de 2008
Por Ariel Rodríguez
Reflexiones de Fin de Semana
Reflexiones de Fin de año…
Si bien se hace difícil saber exactamente lo que significa el transcurrir del tiempo, no caben dudas que un lapso de él implica un trayecto de vida y ello ya es mucho. El reloj y su compinche el almanaque, se van encargando de indicarnos ese transcurrir inexorable, tras el cual vamos acumulando vivencias a la vez que al menos, intentamos proyectar la etapa siguiente, con suerte variada.
Pues bien los 31 de diciembre, son inevitablemente tiempo de reflexiones, de convencerse que fue mucho más lo no hecho que lo realmente concretado, a la vez que al menos por un instante, nos proponemos planificar el tiempo que vendrá, aunque en realidad, más allá de la medianoche que anuncia el reloj y el cambio de almanaque, nuestra historia de vida continúa intacta y los cambios sobrevienen, sólo en la medida que actuemos de forma tal que los generemos. No basta con plantearnos un proyecto de vida, sino que necesariamente debemos llevarlo adelante con acciones positivas, concretas.
De cualquier manera estamos dejando atrás un período de tiempo, que el almanaque encasilla como un año. Precisamente, en la era cristiana el 2008. Y uno se pregunta que nos dejó este tramo de historia, que si bien aparece como mínimo si o medimos en tiempo, puede resultar mucho medido en términos de vida, individual y colectiva.
Veamos, parece que para el mundo no cambiaron muchas cosas, ni siquiera la llegada de Obama a la Casa Blanca, más allá de lo que ello implica en si mismo, pero nada más se trata de un nuevo Presidente de los Estados Unidos. Los últimos días de diciembre vuelven a mostrarnos una de las caras más atroces del accionar humano: la guerra y su ferocidad, la guerra y lo inexplicable de ella. El enfrentamiento entre pueblos y lo peor de todo que por allí surge siempre el nombre de Dios.
Nada cambió lamentablemente, en este 2008, respecto a la irresponsable actitud de agresión al medio ambiente, en especial por parte de las naciones más poderosas. Todo sigue igual en cuanto a la pobreza y la miseria. Las inequidades entre los diferentes pueblos son cada vez mayores. Afganistán se sumerge en las más atroces de sus miserias mientras el imperio pasea su rubios y altos, con sus armas de última generación. Irak paga demasiado caro el precio de su petróleo. En Cuba su gente sigue sin gozar libertades plenas y mientras tanto el bloqueo empecinado no cede.
Mientras el mundo sigue igual, por el paisito tampoco cambiaron mucho las cosas. Los poderosos siguen encaramados en los corrillos montevideanos. Las apetencias personales siguen siendo la principal bandera y los que trabajamos debemos seguir dale que te dale, para que las pocas monedas nos alcancen a fin de mes.
Por la aldea son pocas las novedades. De las buenas casi ninguna. De las otras talvez sí, se fue el Rato, hubo violencia y muerte.
¿Y los seres comunes y mortales, los cotidianos? Creo que lamentablemente esos tampoco cambiamos, por que si lo hubiéramos hecho todo lo demás debiera haber sido de otra manera. Si de una buena vez le dijéramos basta a la guerra, no al despotismo. Si hubiéramos al menos atenuado esa cruel carrera al éxito para cambiarla por tender manos solidarias, quizás en algo hubiéramos logrado cambiar al resto, pero tampoco hemos hecho mucho.











