La idea de Enrique Belo al organizar este Campeonato Nacional de esta manera, con este reglamento especial que dejaba con chances a todos hasta la última fecha, era la de promover el básquetbol, especialmente en el norte del país.
Rivera, Tacuarembó, Artigas y Cerro Largo estaban ausentes de los grandes centros del básquetbol nacional.
Si se hubiera jugado un campeonato tradicional, con puntos corridos, Tacuarembó era el campeón antes de venir a jugar en nuestra ciudad por lo que se perdía todo el entusiasmo que se vivió el pasado fin de semana en el gimnasio del Club Nacional.
La idea de premiar a todos con semifinales y finales solamente servía para que todos tuvieran las mismas posibilidades, desde tacuarembó que llegaba invicto hasta Cerro Largo que había ganado un solo encuentro.
Lo lógico era que se dieran los resultados normales y los rojiblancos ganaran la Serie, no fue así por la simple razón que Rivera manejó muy bien el reglamento de disputa del Campeonato.
Jugó con los jugadores que debía jugar cada partido, evaluó la posibilidad de ganarle a Artigas sin Rodrigo Riera y con Cristian Panizza y se dio cuenta que se podía cuando jugaron en Tacuarembó.
Fue así que se llegó a esta última instancia en nuestra ciudad.
Pero la diferencia estaba en el banco, allí estaba Rodrigo Riera, sin duda alguna el jugador más importante del básquetbol riverense en los últimos veinte años.
Rodrigo no podía jugar el sábado porque Aguada no se lo permitía, pero si la celeste le ganaba a Artigas, con Panizza en el rectángulo, podía jugar la final.
Y con Rodrigo fue otra cosa, desaparecieron los mejores jugadores de Tacuarembó, los que habían brindado el espectáculo a lo largo de todo el campeonato, quedaron opacados porque Riera se encargó de Zavalla y porque Jhony Rodríguez se cargó de faltas muy temprano en el partido hasta que debió abandonar el partido por la quinta falta personal y porque Moggia estaba tan ofuscado que lo sancionaron con dos técnicos, debió irse al bando muy temprano y cuando volvió ya no había tiempo para la reacción.
Pero Rivera, en la final no fue solo Riera y Panizza, sino que hubo un gran despliegue físico de José Carlos Corrales, de Gustavo Venet, de Diego Martin Costa de Rodrigo Lanceri, de Gerson Vila, y de los juveniles, que son el futuro de esta casaquilla celeste, Ernesto Amir, Luis Albornoz y Santiago González.
La celeste necesitaba esta victoria, hoy somos los mejores del Norte en esta Liga Nacional.
Había alegría en el gimnasio tricolor, muchos rostros conocidos, algunos con cabellos canos, otros con la mirada ausente como recordando viejas épocas de no hace muchos años cuando el tricolor brillaba en el país y fuera de fronteras.
Más alejado el Arq. José Carlos Saldaña, el dirigente que ha vivido todos los momentos de este Nacional, de los buenos, de los muy buenos y de los otros, cuando la puerta de la sede estaba cerrada.
Hoy hasta recibió una plaqueta recordatoria porque se lo merece por haber sido el responsable directo que el básquetbol no se terminara y que la sede se haya reabierto con todo el ímpetu que hoy tiene y con perspectivas de futuro promisorio.
Todo lo que venga será bueno en términos de experiencia porque ni siquiera podemos pensar en un título Nacional cuando hace pocas semanas nos armamos para esta instancia, allí dominan otros, los del Litoral, los del Sur, pero junto a ellos vamos a aprender en las finales que se juegan en Trinidad en la primera semana del mes de agosto.